
Tiendo la ropa. La de color la aguanto bastante.
La ropa interior me pone de los nervios, es un
verdadero suplicio: extiende bragas arrugadas,
mil calcetines, escurridizos sujetadores,
calzoncillos desgomados y delicadas medias.
Tenderlo todo: la ropa, la paciencia, el vacío,
las ganas de tirarse por el balcón, la apatía
e indiferencia por la gente que camina abajo.
Y tender el tiempo a merced del huracán que está
por venir y que me llevará al cesto de los muertos.
Alfonso Aguado, Poemas del hogar